Cuerpo etérico
El Cuerpo Etérico: El Puente Energético entre el Alma y el Cuerpo
El cuerpo etérico es una estructura sutil que actúa como molde energético del cuerpo físico. Tiene la misma forma y tamaño que el cuerpo material, razón por la cual también se le denomina «doble etérico» o «cuerpo físico interior». Este cuerpo energético es el portador de las fuerzas modeladoras que dan forma y vitalidad al cuerpo, y también es responsable de canalizar todas las sensaciones físicas.
Durante cada reencarnación, el cuerpo etérico se forma nuevamente y se disuelve a los pocos días de la muerte física, a diferencia de otros cuerpos más sutiles como el astral, el mental y el causal, que permanecen y se reintegran en cada nueva vida.
Este cuerpo sutil cumple un papel esencial en la captación y distribución de la energía vital. Absorbe la energía del sol a través del chakra del plexo solar y la energía de la tierra mediante el chakra basal. Luego, a través de los chakras y los nadis, canaliza estos flujos vitales hacia el cuerpo físico, manteniendo el equilibrio energético de las células.
Cuando el cuerpo ha absorbido suficiente energía, el excedente se irradia hacia el exterior a través de los chakras y de los poros de la piel, formando una red de filamentos energéticos rectos de aproximadamente cinco centímetros de longitud. Esta red constituye el aura etérica, una capa protectora que suele ser la primera parte del aura visible para personas clarividentes. Este manto energético actúa como una barrera natural frente a gérmenes, toxinas y energías nocivas del entorno, y al mismo tiempo irradia vitalidad hacia el exterior.
Sin embargo, esta protección se debilita cuando el estilo de vida o el estado emocional deterioran la energía vital. Pensamientos negativos, emociones destructivas, mala alimentación, abuso de sustancias y exceso de esfuerzo físico pueden agotar el cuerpo etérico. En estas condiciones, la irradiación energética disminuye, y el aura comienza a presentar signos de debilidad: los filamentos se doblan o se cruzan de forma caótica, y pueden aparecer «grietas» o «agujeros» por los cuales se escapan las fuerzas vitales y penetran energías perturbadoras.
Estas alteraciones hacen visible una gran verdad energética: las enfermedades no se originan en el exterior, sino en el desequilibrio interno. La sanación comienza por restaurar la armonía energética del cuerpo etérico, fortaleciendo el flujo de la energía vital y sellando las heridas del aura.
Comprender y cuidar el cuerpo etérico es esencial para una vida plena. Las prácticas como el chikung, la meditación, la sanación pránica, el reiki y la terapia cráneo-sacral ayudan a restaurar su equilibrio, promover la regeneración del cuerpo físico y sostener un estado de bienestar integral.

El cuerpo etérico posee aproximadamente la misma extensión y forma que el cuerpo físico. Por ello también se encuentra la denominación de «doble etérico» o «cuerpo físico interior». Es el portador de las fuerzas modeladoras para el cuerpo físico, así como de la energía vital creadora y de todas las sensaciones físicas.
El cuerpo etérico se forma de nuevo en cada reencarnación del hombre, y vuelve a disolverse en el plazo de tres a cinco días después de su muerte física (el cuerpo astral, el cuerpo mental y el cuerpo causal continúan existiendo después de la muerte, y en cada nueva encarnación se unen otra vez al recién formado).
El cuerpo etérico atrae energías vitales del sol a través del chakra del plexo solar, y energías vitales de la tierra a través del chakra basal. Acumula estas energías y, a través de los chakras y los nadis, las conduce al cuerpo físico en flujos vitales ininterrumpidos. Las dos formas de energía se encargan de mantener un equilibrio vivo en las células corporales. Cuando el «hambre de energía» del organismo está saciado, la energía sobrante del cuerpo etérico se irradia hacia fuera a través de los chakras y de los poros. Sale a través de los poros en filamentos de energía rectos de aproximadamente 5 centímetros de longitud y constituye el aura etérica, que, por lo general, es la primera fracción del aura total percibida por las personas clarividentes. Estos rayos se disponen en torno al cuerpo físico formando como un manto protector. Impiden a los gérmenes patógenos y a los contaminantes penetrar en el cuerpo, y simultáneamente irradian un flujo constante de energía vital hacia el entorno.
Esta protección natural significa que, básicamente, una persona no puede enfermar debido a causas de origen externo. Las razones de una enfermedad radican siempre en ella misma. Los pensamientos y emociones negativos, y una forma de vida que no esté en consonancia con las necesidades naturales de cuerpo (sobreesfuerzo, alimentación insana, abuso de alcohol, nicotina y drogas), pueden consumir la energía vital etérica, por lo que la irradiación energética natural perderá intensidad y vigor. De esta forma surgen zonas débiles en el aura. Los filamentos energéticos mencionados aparecen doblados o se sobre cruzan en formas desordenadas. El clarividente puede reconocer «agujeros» o «grietas» en el aura, a través de los cuales pueden penetrar en el cuerpo las vibraciones negativas y las bacterias causantes de enfermedades. Además, la energía vital puede «escapar» de la zona no material a través de estas heridas.

Meditación para Fortalecer el Cuerpo Etérico
Duración recomendada: 15 a 25 minutos
1. Preparación
Siéntate o túmbate en una postura cómoda. Cierra los ojos. Permite que tu respiración se vuelva suave, lenta y profunda. Siente el contacto de tu cuerpo con la tierra. Siente que estás siendo sostenido.
Haz tres respiraciones conscientes, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Con cada exhalación, suelta tensiones físicas, pensamientos y preocupaciones.
2. Enraizamiento energético
Lleva tu atención al chakra basal, en la base de la columna. Visualiza que desde allí descienden raíces luminosas hacia el centro de la tierra. Siente cómo te conectas profundamente con la energía vital terrestre. Con cada inhalación, percibe cómo esa energía asciende por tus raíces hacia tu cuerpo.
Siente que tu cuerpo se llena de una energía densa, tibia y vital, como si fuera savia nutricia que sube por tu columna.
3. Conexión con la energía solar
Ahora, lleva tu atención al chakra del plexo solar, en la boca del estómago. Imagina que desde ese centro se abre un canal hacia el sol. Visualiza una luz dorada descendiendo desde el sol y entrando en ti por ese punto.
Siente cómo esta energía solar se mezcla con la energía terrestre que ya fluye en ti. Las dos energías se entrelazan, nutriendo tu cuerpo físico y etérico.
4. Activación del cuerpo etérico
Visualiza ahora una silueta luminosa superpuesta a tu cuerpo físico, con la misma forma y tamaño. Es tu cuerpo etérico. Obsérvalo lleno de pequeños filamentos de luz, como fibras de energía que se extienden unos cinco centímetros más allá de la piel.
Siente cómo esos filamentos se activan, se enderezan, vibran con fuerza, irradiando luz y vitalidad. Visualiza que tu cuerpo etérico se ilumina en un tono azulado o dorado, vibrante, puro y protector.
5. Irradiación y restauración del aura etérica
Ahora visualiza cómo esta energía etérica se expande hacia el exterior, creando un campo luminoso en torno a ti. Es un manto protector que brilla y pulsa con energía. Si percibes zonas más débiles, oscuras o apagadas, llévales tu atención amorosa.
Respira hacia esos lugares. Visualiza cómo se reparan, cómo los filamentos energéticos se enderezan y vuelven a brillar. Estás restaurando tu campo vital.
6. Afirmaciones silenciosas (puedes repetir mentalmente):
- “Mi cuerpo etérico está vivo, fuerte y equilibrado.”
- “Soy luz, energía y conciencia en perfecta armonía.”
- “Mi campo vital me protege y me nutre.”
7. Integración
Permanece unos instantes en silencio, sintiendo tu cuerpo físico y tu cuerpo etérico como una unidad. Percibe la calma, la fuerza y la claridad que emanan de ti.
Cuando estés listo, respira profundamente, mueve suavemente tus manos y pies, y abre los ojos.
Lleva esta sensación contigo durante el día.